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Hay que dar por sentado que el paro nacional dejó aprendizajes para toda la sociedad. El gobierno tendrá que replantear la política de seguridad para garantizar mejor protección de Derechos humanos en las futuras movilizaciones, las organizaciones sociales y sindicatos tendrán que rediseñar sus instituciones para ser más incisivos e impermeables a la politiquería, los jóvenes entrarán a la política representativa con más responsabilidad que marchar, lanzar arengas, pingar muros, tirar piedra o bloquear vías. 

Pero más allá de estas responsabilidades, llama la atención la que ya están pensando y asumiendo los empresarios: procurar rentabilidad social mediante un capitalismo responsable. Es impensable crecer en utilidades sin darse cuenta de la pobreza y desigualdad vulgar de Colombia. Más allá de los planes de seguridad para empleados, empresarios y Estado deben procurar incluir a los trabajadores informales, sobre todo jóvenes y mujeres que son vistos como ciudadanos de segunda, a los que no se les valora su producción intelectual o artistica, ni sus trabajos de cuidado en las familias.


El lugar común de los manuales de Responsabilidad Social Empresarial, según los cuales Colombia es rica por las capacidades de su gente y su biodiversidad, debe volverse planes de acción concretos, dentro de las estrategias financieras y de inversión de grandes y medianas empresas. La ética empresarial debe trascender la masturbación mental de muchas fundaciones para incidir directamente en innovación social hacia la generación de empleo digno y libertades políticas concretas.


Los planes regionales de Ciencia, Tecnología, Innovación y Emprendimiento van en esa línea, no hay que inventarse nada. Urabá tiene uno, con vigencia al 2028. Los poderosos de Colombia, que dominan el capital, tienen en sus manos la posibilidad de hacer más rentables sus negocios. Sólo lo lograrán dignificando la sociedad, limitando el racismo estructural, vinculando a los más vulnerables.


Bajar el desempleo al 8% es fundamental en 2023 o 2024, pero darle estabilidad social a Colombia implica bajar la desugualdad a niveles de socialdemocracias europeas, así como reducir la pobreza por debajo del 20%, ojalá antes de terminar la década. No hacerlo es quedar a merced del populismo y la corrupción. Con esto último, queda la tarea de dignificar la politica, estimulando liderazgos que no sean depredadores de los partidos y sindicatos.


Mejorar a Colombia sólo se logrará desde su sociedad, que es la estructura del Estado.

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen únicamente al autor.

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#UrabáNoticias

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