Compartir

Hoy Urabá tiene una oportunidad de oro para mejorar sustancialmente sus sistemas de salud y de servicios públicos. El estado de excepción emitido por el presidenteIván Duque permite la expedición de decretos para incrementar recursos para la salud, para la población más pobre, para reconectar el suministro de agua potable, para acelerar medidas benéficas como la devolución del IVA, para dar alivios financieros y proteger el empleo. Idealmente, Urabá debería contar con este tipo de medidas de forma permanente, pero en la realidad se observa que sólo en épocas catastróficas los recursos y la política giran para el lado de los menos favorecidos.

Recientemente el alcalde del Distrito de Turbo, oportunamente, solicitó al Gobernador de Antioquia la cofinanciación de equipos e insumos biomédicos para la habilitación de una UCI con 11 camas en el Hospital Francisco Valderrama. Grandes empresas privadas se unieron con la Gobernación de Antioquia y la Alcaldía de Apartadó para instalar 25 nuevas camas de Cuidados Intensivos en la Clínica Panamericana. Alrededor del Comité Universidad Empresa Estado Sociedad se está gestando una iniciativa para que Urabá tenga un laboratorio de alta calidad para investigar enfermedades infecciosas, de la mano de instituciones sin tacha como el Instituto Colombiano de Medicina Tropical -ICMT-.

Solamente esos ejemplos demuestran la enorme oportunidad que tiene Urabá de lograr desarrollos en salud que tardan años o décadas en consolidarse por la lentitud de los procesos políticos, por la corrupción o el clientelismo que reina en el país. La emergencia pone a los líderes a actuar rápidamente, porque ven que la consolidación de sus intereses particulares depende, en gran medida, de que haya estabilidad social, de que la gente esté tranquila porque tiene servicios de salud decentes, y también servicios públicos elementales. La sociedad en general se tiene que manifestar, debe presionar la rápida ejecución de estas medidas urgentes, su papel está en la veeduría de transparencia. 

Hace algunos años tuve la oportunidad de acompañar varios líderes sociales y empresariales en la proyección de un Hospital de alta complejidad para atender las enormes necesidades de la gente de Urabá; lamentablemente todo está en papel. También conocí cifras dramáticas sobre tuberculosis y dengue en Nueva Colonia, investigadas con recursos escasos por el ICMT y la Universidad de Antioquia. Solucionar estos problemas, en la actualidad, puede ser más fácil cuando todo el mundo está en alarma por un virus. La dignidad elemental pasa por que la gente tenga la seguridad de que no va a morir en un traslado a Medellín o a Montería para que le atiendan una enfermedad crónica. 

A nivel nacional se está hablando ahora, más que nunca, de la necesidad de integrar al país alrededor de los intereses de la gente más pobre, que está ubicada en zonas como Urabá. El hecho de que se reconecte el agua potable a miles de familias que no cuentan con ese bien esencial por falta de pago, debería volverse un imperativo ético de Colombia, donde la mayoría de la población no cuenta con ingresos fijos por estar en la economía informal. Urabá también debe manifestarse por el agua, un recurso abundante en la región, pero insuficiente en potabilización para toda la población. Está abierta la oportunidad para que empresas como EPMconsoliden su posición en la región, apresurando la meta de cubrir cada rincón -al menos en zonas urbanas-, con agua potable.

Después del terremoto que azotó al Eje Cafetero se tomaron medidas similares que permitieron consolidar a esta zona del país como un polo turístico importante. Todo el país miró hacia las principales ciudades afectadas y se tomaron decisiones que permitieron mejorar la calidad de vida de forma sustancial. Los líderes de Urabá tienen en sus manos la invaluable oportunidad de atraer recursos extraordinarios para solucionar problemas viejos y estructurales. En Urabá no nos podemos dar el lujo de pensar que “todo está bien”, porque se normaliza la precariedad y la miseria de la mayoría de la población. 

Aprovechar la coyuntura, seguramente, generará un sólido soporte para un desarrollo que vaya más allá de un virus temporal, que será historia. Los planes de desarrollo municipales y departamental, también deberían gravitar alrededor de estas magníficas oportunidades para hacer de Urabá una región digna del orgullo que sentimos por ella.

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen únicamente al autor.

Se prohíbe la reproducción total o parcial de cualquiera de los contenidos que aquí aparezca, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. 

#UrabáNoticias


Comparte en tus redes sociales
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •